Después de la extracción

La puerta interior de la nave se abrió y un monstruo aterrador penetró en la cabina principal. Tenía más bocas que garras, y no es que anduviera mal provisto de estas últimas. En la cúspide de una cabeza peluda, dos ojillos malignos buscaron una presa y no tardaron en hallarla: una criatura cuadrúpeda, con tres ojos, de largos dientes y obvio aspecto herbívoro, operaba los controles de la nave ajena al ser que acababa de entrar.

El cazador rugió, abrió los seis brazos y se lanzó sobre su objetivo, al cual estrujó en un abrazo mortal. Pronto, todo hubo terminado. Sacó sus lenguas, todas ellas, y lamio la cara del herbívoro, que sacudió la cabeza mientras piafaba. Gotitas de saliva gris se espurrearon por los mamparos.

—Podrías haberte esperado antes de esta… efusión —dijo el herbívoro. Bueno, “dijo” no es la palabra. La comunicación entre ambos seres era telepática—. Estoy elevando la nave por encima de sus sistemas de detección de acuerdo con el protocolo.

Sigue leyendo

Anuncios