El problema del genio

El genio se estaba muriendo.

Se había pasado toda una noche escribiendo anotaciones a sus últimos descubrimientos matemáticos. Cuando levantó la vista, ya era de madrugada. Casi llorando –solo tenía veinte años– cogió su juego de pistolas y fue a que un contrincante más diestro y experimentado que él le metiera una bala en la tripa.

El resultado del duelo fue el esperable. El capitán de dragones que era su rival disparó primero, y no hizo falta más. El genio cayó. Al principio pensaron que estaba muerto; luego, resultó que respiraba. Dio tiempo a llevarle a un hospital y todo, pero el médico se limitó a mirarle y a negar con la cabeza. Aquel joven no viviría mucho más de veinticuatro horas. Y así se había llegado al momento presente, en que el matemático Evariste Galois aguardaba la muerte entre dolores.

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Robo de arte

Al final, la operación policial la realizaron tres cuerpos distintos. El mando operativo recayó en el Kripos noruego de 1994, que era el interesado directo en el robo del cuadro. Se concedió también presencia a la Politi de ese mismo país de 1892. Por último, el Ministerio de Seguridad de la Federación Terralunar recibió la función de prestar apoyo tecnológico. Al fin y al cabo, las fuerzas policiales de los siglos XIX y XX podían ser muy buenas en lo suyo, pero no sabían mucho sobre viajes en el tiempo.

Perdón, sobre dispositivos de cronomovilidad.

Los dos enlaces con el Instituto de Estudios de Cronomovilidad –que era quien proporcionaba la tecnología– habían sido muy puntillosos con ese tema. Parece ser que dentro del IEC era un anatema hablar de “viaje en el tiempo” y que su directora, la doctora Saadi, caía con furia visigoda encima de cualquiera que osara emplear una expresión tan anticientífica.

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La expulsión de los moriscos

I

Eran los tiempos de prosperidad. Eran los tiempos de becas y de estudiantes universitarios, de presencia en la prensa, de premios y de comparecencias parlamentarias. Era la época anterior a la crisis y a la dictadura, cuando el cronomóvil era un aparato novedoso, las ocho plantas del Instituto estaban a rebosar de empleados, el tiempo de uso por persona era limitado y la financiación parecía no serlo.

Eran los tiempos de las peticiones absurdas de los políticos.

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Persecución en caliente

Amina Saadi había sido cosplayer en su juventud. Sabía valorar un buen disfraz; por ello, asintió con aprobación cuando entró en su despacho y vio a aquellos dos policías. Uno de ellos era blanco, alto y con cara de amargado; el otro negro, bajito y regordete. Ambos vestían camisa blancuzca, corbata mal abrochada, pantalones de traje viejos y calvicie prematura. Amina miró de reojo al perchero y comprobó con regocijo que había dos gabardinas ajadas e incluso un sombrero Fedora. Al parecer era cierto que entre los policías volvía a pegar fuerte la moda “madero-de-telefilme-del-siglo-XX”.

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Turistas del tiempo

I

Cuando me metí en el tema de los viajes en el tiempo mi mentora, la doctora Saadi, me dio un consejo muy valioso: “usa verbos en presente o acabarás empantanada en un maremagno de ‘hice-en-el-futuro’ y ‘haré-en-el-pasado’ del que no podrías salir”. Yo en aquel momento acababa de terminar mi doble grado en Física e Historia –la formación necesaria para trabajar con el cronomóvil– y me bebí sus palabras como si fueran la proverbial agua en el desierto. Ahora sé que nadie lee los informes, así que me permito digresiones como ésta, pero el uso del presente se ha quedado.

Así pues, informe de la agente de campo Diana Katsaros en la misión 245/G/2219. Me parece alucinante seguir usando el protocolo de cuando esto era un trabajo de investigación serio, pero allá vamos. Día diez. Fecha local: día séptimo antes de los idus de agosto, año del consulado de T. Aurelio y M. Asinio. Fecha en calendario gregoriano: 7 de agosto del año 89. Lugar: Hispalis. Hoy es el último día de aclimatación y los clientes están más tocapelotas que nunca. Como me dijo una vez mi compañero So Ngema: “tocapelotas como solo puede serlo un grupo de ricos blancos que ha pagado una millonada por estar aquí”.

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