El tamborilero

¿Hay algo peor que el hecho de que tu país sea invadido por el odiado vecino del norte? Sí: que no te dejen ayudar en su defensa. “Compréndelo, Isidre, con tu talla…” le había dicho Pau, el cabo del somatén que se encargaba de los reclutamientos. Talla y unas narices. No era más que un poco más bajo que el resto, y además, ¿eso cuándo había sido impedimento para nada? El viejo Rius se movía con bastones (no con uno, ¡con dos!) y bien que estaba en el somatén. Al final, se dijo Isidre mientras entraba corriendo en su casa, con las mejillas arreboladas por el rechazo del reclutador, todo se reducía a lo mismo: al tema de la brujería.

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