El juzgalibros: “No son molinos (una antología de cachava y boina)”, de VV.AA.

La iniciativa de “No son molinos” me ha fascinado desde su concepción. Se trataba de realizar un libro de relatos de fantasía, ci-fi o terror que prescindieran de elementos anglosajones y se ambientaran en lo que solemos llamar España profunda. El libro pretende ser un jalón en un género denominado, con cierta ironía, “cachava y boina”. Pese a ser yo una persona muy poco rural (1), reconozco el potencial que tiene España para ambientar obras de género. Siempre hemos sido un país de campesinos, ganaderos y pescadores, y eso se nota en nuestro folklore y en nuestras historias. Usar ese material es, se mire por donde se mire, una buena idea.

Así pues, compré y leí con fruición “No son molinos”. Consta de veinte relatos. Diez de ellos son de autores que ya tenían obras publicadas con la editorial y a los que se invitó a participar en el proyecto; otros diez salieron de un concurso al que se presentaron más de quinientas personas. En cuanto a la composición de género, hay doce mujeres y ocho hombres; dentro de cada uno de los dos colectivos (invitados y procedentes del concurso) la proporción es idéntica.

La edición es cuidada: tapa dura, buen papel, un tamaño y tipo de letra de lo más agradable, cada cuento tiene una página solo con el título… pequeños detalles que conforman una experiencia de lectura realmente grata. Me parece que este punto había que comentarlo, porque hacía tiempo que no me encontraba con una edición tan bonita, y para los que somos un poco fetichistas de estas cosas es un verdadero placer.

En cuanto al contenido, hay de todo; como en todo libro de relatos, tenemos cuentos mejores y peores. Eso sí, todos parten de un nivel más que digno de calidad literaria: solo uno de ellos me ha dado la sensación de sobrar, de no contar nada. Es una lástima que esa buena selección de materiales adolezca a veces de falta de corrección. Hay relatos que necesitan un buen pulido a ese nivel. Especial rabia me ha dado el de Eduardo Vaquerizo: termina con una perfecta frase lapidaria llena de hastío… que se ve arruinada por un laísmo como una catedral. En fin, tirón de orejas a la editorial Cerbero, que por lo demás ha hecho un trabajo admirable.

[Me comentan desde la editorial que ese laísmo se ha corregido en la reimpresión]

En la presentación del libro en Madrid varios de los autores insistieron en lo difícil que es contar el argumento de un cuento sin destriparlo entero. Yo lo voy a intentar. Pretendo reseñar cada relato de forma breve y sin spoilers. Allá vamos.

 

1. Vida del padre Lobis, el verdadero lobizón de Nueva Vizcaya (Luis Besa, concurso)

Un viejo fraile cuenta la vida del padre Lobis, un sacerdote jesuita que parece tocado por lo sobrenatural.

El volumen empieza con esta pequeña perla. Una historia de aventuras que sucede durante la colonización española de América. Es el único relato ambientado antes del siglo XIX; está escrito como si fuera una crónica de la época, y el autor ha aprovechado para recrear el castellano antiguo, tanto en el relato como en los diálogos. El resultado es una maravilla. Al parecer, fue el primero que llegó a la editorial y entró en la antología de cabeza: no me extraña.

 

2. Temblores (Cristina Jurado, invitada)

Un temblor de tierra provoca que dos pueblos, antes separados por casi cincuenta kilómetros, amanezcan colindantes.

Este relato me pareció un tanto aburrido. Creo que se podría haber desarrollado de una forma más amena: tal y como está escrito, es la crónica de cómo los habitantes del pueblo presencian diversos fenómenos sobrenaturales provocados por el corrimiento de tierras. Las últimas páginas lo salvan algo, eso sí.

 

3. Quién, cuando yo grite, me escuchará (Daniel Pérez Navarro, invitado)

Un presentador de radio entrevista a un invitado inusual: el programador de una aldea robótica que remeda la España rural.

Un relato mucho más angustioso de lo que parece al principio. Escrito íntegramente en forma de diálogo, narra cómo un programador intenta, desesperado, hacer una denuncia pública contra la voluntad de un periodista egocéntrico y parlanchín que solo busca el morbo y el lucimiento personal.

 

4. El Ovillo (Alicia Pérez Gil, invitada)

Un hombre lleva a su flamante esposa a la finca campestre en la que ha vivido toda su vida. Pero el hombre parece tener una relación extraña con la casa.

Uno de los dos relatos de terror propiamente dicho que hay en la antología, frente al predominio absoluto de la fantasía y la ciencia ficción. Me ha gustado más al leerlo por segunda vez para hacer esta reseña; la primera vez, quizá por haber repartido su lectura entre diversos medios de transporte espaciados en varios días, me pareció algo confuso y deshilvanado. Ahora constato que no es así; al contrario, es un cuento bastante bien hilado sobre una casa que escucha, sufre… y pide.

 

5. La sombra del candil (Ana Roux, concurso)

En un mundo donde Napoleón triunfó, dos miembros de la Guardia Civil y una médico forense investigan el asesinato de un sacerdote.

Estamos ante una ucronía que toma como punto Jonbar la victoria de los franceses en las guerras napoleónicas. España es parte del imperio, pero tiene cierta autonomía (está regida por la dinastía josefina) y se le ha permitido crear una guardia civil similar a la histórica, capa y tricornio incluidos. Con esos elementos ya me conquistó, pero el hecho de que se tratara de un relato policiaco terminó de enamorarme.

De hecho (y el resto del párrafo podría considerarse spoiler, así que cuidado), me decepcionó un poco la irrupción de un elemento claramente fantástico al final de la historia. Creo que su condición de ucronía ya justifica su inclusión en una antología de ciencia ficción, y hubiera preferido que la historia se mantuviera dentro de los límites del realismo. Aun así, entiendo que esto es una preferencia personal mía y me gustaría leer más ambientado en el mismo universo.

 

6. Luminarias (Layla Martínez, invitada)

En una España al borde del colapso energético y económico, la aparición de unas luces en el cielo provoca toda clase de reacciones.

Historia coral, protagonizada por distintos personajes: los miembros de una secta, una pastora, un investigador del gobierno… cuyas vidas cambian cuando aparecen unas luminarias desconocidas que provocan quemaduras en ciertas personas. Un relato algo aburrido, pero con descripciones bastante vívidas.

 

7. Deli Bal (Raquel Froilán, concurso)

Las abejas cuentan la historia de un apicultor que, después de recibir un disparo, empieza a manifestar síntomas extraños.

Uno de los mejores relatos del libro. Sin duda es el que tiene el mejor principio: “El día en que al Rubio le metieron dos tiros, ninguno de sus vecinos se sorprendió. Dos cosas sí que les extrañaron. La primera fue que hubiese tardado tanto en pasar. La segunda fue que sobreviviera”. Si no te entran ganas de leer un relato que empieza así, yo ya no sé.

A raíz de este disparo se desarrolla una trama que es puro realismo mágico.

 

8. Lemmings (Nieves Mories, invitada)

¿Qué se llevó a los habitantes del pueblo viejo? No fue la enfermedad, la guerra ni la emigración, sino el agua. Algo extraño, si tenemos en cuenta que el pueblo viejo estaba en lo alto de la montaña.

Un abuelo cuenta a su nieta una historia de lo más melancólica sobre un niño arrebatado al mar que fue llevado a la montaña. Impresiona por cómo describe la crueldad cotidiana, disfrazada de “bromas”, que se puede llegar a desarrollar en un ambiente cerrado.

 

9. Cuídate, hija, de la Garduña (Virginia Buedo, concurso)

Sara está harta. ¿Pues no tiene que pasar las vacaciones en un pueblo perdido de la mano de Dios, sin datos ni wifi, y en donde el calor no deja hacer nada de día? Y encima todos en el pueblo temen a una especie de sociedad secreta de leyenda y no le permiten salir de noche.

Estamos ante un relato que tiene dos virtudes innegables: la primera, que empatizas con una protagonista que se muestra como extremadamente desagradable, egocéntrica y manipuladora. La segunda, que se lee y se disfruta pese a que todos los giros de trama se ven venir de lejos. No es fácil conseguir algo así.

Me ha enternecido especialmente la reinterpretación que hace la protagonista de una historia que le cuenta su abuela acerca de dos jóvenes, muy amigos, que fueron secuestrados por la Garduña cincuenta años atrás. Es de lo más plausible y, sin embargo, no había pensado en ella hasta que no la leí escrita.

 

10. No se tira nada (Eduardo Vaquerizo, invitado)

Guzmán y Laura están de vacaciones. Bien lo necesitan: tener a dos críos pequeños, uno en silla de ruedas y otro autista, desgasta a cualquiera.

Historia sobre una familia que se va de vacaciones a un pueblo perdido de la mano de Dios. Está bastante bien (me han gustado mucho los personajes de sus caseros), pero es el cuento que más corrección necesita de todo el volumen. Aparte del laísmo al final que ya he mencionado antes, el nombre de la esposa oscila entre Helena y Laura durante todo el relato.

 

11. Una línea en la pizarra (María Concepción Regueiro Digón, invitada)

En plena posguerra, el pueblo de Tordestes está de enhorabuena: unos nuevos empresarios van a abrir el aserradero y a darle trabajo al pueblo. Pero ¿es eso lo que buscan?

Después del buen sabor de boca que me dejó Los espíritus del humo, una novela corta que esta misma autora tiene publicada también con Cerbero, tenía verdaderas ganas de leer este relato. No me ha decepcionado. Historia coral, con un punto de vista que salta constantemente entre diversos personajes, lo cual mantiene al lector atrapado. Ese recurso y el hecho de que se relate en presente le confiere un dinamismo y una rapidez peculiar, sobre todo si tenemos en cuenta que es uno de los relatos más largos del volumen.

 

12. Aceite (Alejandro Candela Rodríguez, concurso)

A Cándido le chirría el alma. Digan lo que digan sus amigos, le hace ñec ñec. Quizá en esa nueva tienda de aceites cuánticos le puedan dar una solución…

Entrañable relato corto sobre tres amigos ancianos que deciden ir a ver si pueden solucionar el problema en el alma de uno de ellos. Porque a veces, cuando se han tenido muchas experiencias, lo de dentro chirría. Es difícil decir mucho más de este cuento (es, como digo, bastante breve), pero me emocionó de verdad.

 

13. Manuscrito hallado en Ilerda (Albert Kadmon, invitado)

Durante la guerra civil, un alquimista moribundo le escribe cartas a su amado en la parte de atrás de sus apuntes de alquimia.

Uno de los peores relatos del volumen. Está dividido en secciones de dos tipos: las cartas de amor y los apuntes de alquimia, que, unidos, nos explican quién es el alquimista y qué buscaba. La idea no es mala, pero está mal ejecutada. Sobre todo la parte de las cartas de amor es infumable: lenta, endiabladamente cursi y encima con un tipo de letra que imita la caligrafía, por lo que se hace difícil de leer.

 

14. Home do unto (J.G. Mesa, invitado)

Han soltado al Sacamantecas. Al parecer, dice la reina que él no tiene la culpa de ser un hombre lobo. ¿Cómo impacta esa noticia en el pueblo que le crio y en el cura que le bautizó?

Otro relato que me gustó más en la segunda lectura que en la primera. Porque en todo él planea la duda: ¿es verdad que el Sacamantecas es un hombre lobo o se trata de un simple enfermo mental? Si no fuera por cierto elemento que sí es fantástico, este relato podría bordear la línea entre la cachava y boina y el realismo, y eso me gusta.

 

15. La noche en que se llevaron a Anastasio (Yolanda Camacho, invitada)

Dos hermanas conducen hacia un pueblo de Extremadura con el fin de desentrañar un misterio: qué pasó realmente una noche, décadas antes, en la que su padre creyó ver cómo su mejor amigo sufría una abducción.

Sofía y Olivia han crecido toda su vida con la historia de la noche en que se llevaron a Anastasio. Ambas están seguras de que el crío simplemente se largó y apareció semanas después, cuando su padre había dejado de residir en el pueblo, por lo que van a asegurarse. Relato correcto, entretenido y bien ejecutado.

 

16. Una casa en el barro (Haizea M. Zubieta, concurso)

Sara quiere ser independiente. Comprar una casa en un pueblo y convertirla en casa rural le dará la autonomía que necesita. Y está de suerte, porque parece haber encontrado el lugar perfecto.

Otro relato que empecé con muchas ganas, debido a que sigo a su autora en redes sociales. No me ha decepcionado. Aquí, igual que en “Cuídate, hija, de la Garduña”, me vi venir el final de lejos, pero no me importó porque el cuento estaba tan entretenido y bien escrito que me enganchó igual. La atmósfera de terror y de misterio está muy lograda, gracias sobre todo a que la autora no responde a todas las preguntas. Señalar que es uno de los pocos cuentos no ambientados en Castilla, sino en Euskadi.

 

17. Anomalía galllinácea. Auge y caída de los transpollos (Daniel Arévalo, concurso)

Un día, por razones aparentemente naturales, en una granja nacen pollos con conexión USB implantada en su cuerpo.

Al principio de esta reseña he dicho que solo un relato me pareció sobrante en la antología. Es éste. Es el único relato de toda la antología que pretende ser humorístico (lo cual es una característica positiva), pero se queda ahí, sin levantar. Es la definición de “ni chicha ni limoná”: no tiene nada de malo ni tampoco nada de bueno. Relata unos hechos sin explicación ni causa aparente y ya está. Es el único del cual me sorprende que haya sido seleccionado: hasta los que no me han gustado (como “Temblores” o “Manuscrito hallado en Ilerda”) tienen méritos que a lo mejor otro lector encuentra suficientes. Aquí no hay nada.

 

18. El Viento. Una historia de La Frontera (Raúl Gonzálvez del Águila, concurso)

En un mundo postapocalíptico, los miembros de una comuna se dirigen a vender un tesoro que han desenterrado. Les acompaña El Viento, un mercenario cargado de misterio.

No voy a decir la tontería de que este cuento “da para novela”, porque no da y porque además no es un halago (2). Pero la ambientación sí da para escribir muchas cosas en ella: una España arruinada, llena de monstruos, que solo conserva algo de civilización en las costas y que ha vuelto a formas organizativas propias del medievo como reinos de taifas y órdenes monacales guerreras. El relato en sí me gustó mucho; tiene garra.

 

19. 50% algodón 50% poliéster (Adolfina García, concurso)

Una anciana se ha fijado en un chaval joven y fuerte que vende ropa en el mercadillo. Y tiene un plan para llevárselo a su casa.

Empecé este relato un poco a desgana: era el último para mí (pues el número 20 lo había leído con antelación), estaba cansado y me apetecía terminar el libro. Se acabó convirtiendo en uno de mis favoritos. Está contado en primera persona, con la anciana dirigiéndose todo el rato al chaval y dibujando un cuadro que cada vez es más inquietante. Al final, cuando engrana todo, no pude evitar un escalofrío.

 

20. La encantá del barranco (Enerio Dima, concurso)

Dori es pastora; trabaja con un rebaño de ovejas en las tierras de Albacete. Un día, mientras persigue un cordero, se topa con un espectro.

Esta conmovedora joya es el broche de oro del libro. La historia de Dori y de la encantá es triste, bonita y me hizo llorar. De hecho, me hizo llorar dos veces, a pesar de que la segunda, lógicamente, ya sabía cómo terminaba el cuento. La simplicidad (que no estupidez) de la pastora es entrañable. Sin duda uno de los mejores relatos del libro.

Este relato funciona un poco como espejo del primero: el lenguaje es importantísimo. Lo que en “Vida del padre Lobis” era castellano antiguo culto, aquí son expresiones idiomáticas rurales propias de la clase trabajadora (el “señorito” no las usa). En ambos casos consiguen el efecto buscado: te sumerges en la trama casi sin sentir.

 

De todo lo anterior quiero sacar tres conclusiones:

  • En la reseña he diferenciado entre autores invitados y autores procedentes del concurso, aunque en el tomo no se hace en ningún momento. Eso es porque quería comprobar una cosa: los relatos que mejores me han parecido son los que proceden del concurso. De hecho, mi Top 5 personal se compone íntegramente de relatos del concurso (3). Supongo que es lógico: los autores invitados sabían que, mientras su relato entrara en el género y tuviera calidad, estaría dentro. Los del concurso fueron los diez triunfadores de más de quinientos presentados.
  • En el libro se abusa del recurso de “urbanitas (normalmente chica sola) que van al pueblo y pasan cosas”. Hasta seis relatos lo emplean (4). Esto puede ser consecuencia de algo que se mencionó en la presentación: muchos de los autores son de ciudad. Aun así, la editorial ha cumplido a rajatabla con su compromiso, expresado en las bases del concurso, de no seleccionar relatos que buscaran ridiculizar o humillar al mundo rural.
  • En relación a los personajes, hay bastante representación de la diversidad de géneros y orientaciones sexuales. Hay al menos un personaje trans y varios homosexuales. ¡Y no siempre su identidad u orientación tiene “función en la trama”! ¡Anatema! Eso sí, aquí sí que hay una división muy marcada: esta representación está sobre todo en los relatos de las autoras. Los autores, salvo uno, han dejado al margen estos temas.

Así pues, “No son molinos” ha sido sin duda una compra provechosa. No sé si la cachava y boina despegará o se quedará en este intento (que fue lo que pasó la primera vez que se editó un libro del género), pero sin duda esta antología es una guía magnífica de autores asombrosos a los que seguir la pista.

 

 

(1) Al contrario, por cierto, que don Roberto, el maestro de Amanece, que no es poco.

 (2) “Tu cuento da para novela” = “Si te hubieras esforzado habrías podido escribir algo de verdad y no una pieza de un género menor”.

 (3) Si alguien tiene interés, mi Top 5 es Vida del padre Lobis”, “La sombra del candil”, “Deli Bal”, “50% algodón 50% poliéster” y “La encantá del barranco”.

 (4) “El Ovillo”, “Lemmings”, “Cuídate, hija, de la Garduña”, “No se tira nada”, “La noche en que se llevaron a Anastasio” y “Una casa en el barro”.

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2 comentarios en “El juzgalibros: “No son molinos (una antología de cachava y boina)”, de VV.AA.

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