El trato (y II)

Publico hoy las partes 2, 3 y 4 de mi relato de marzo. La primera parte se puede leer aquí.

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El trato (I)

Publico la primera parte de las cuatro que tiene este relato. Las otras tres son más cortas y se publicarán en la siguiente entrada, que se subirá mañana.

 

1.

El 12 de marzo de 1870 amaneció encapotado. Las nubes tapaban el cielo y no parecía que fueran a clarear en todo el día. Un viento desapacible azotaba las calles de Madrid. Si yo hubiera sido un hombre más inteligente me habría vuelto a la cama después de tomar el chocolate y no habría salido hasta la hora del almuerzo. Pero no procedí así. Al contrario, según terminé de desayunar me puse el gabán y me eché a la calle, lleno de vitalidad y empeño. Incluso me atreví a silbar al ritmo que marcaban mis zapatos en el empedrado de la calle. Sin duda mi ánimo no cuadraba con el tiempo. Pero ¿por qué no iba a estar alegre? Era joven, tenía salud, tenía amor y tenía una misión con la cual iba a labrarme un futuro.

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El abogado

Este texto participó en la edición de febrero del VIII Concurso de Microrrelatos sobre Abogados. Las bases son sencillas: un microrrelato al mes, de 150 palabras y con los cinco términos que cada mes decidan los convocantes. Las palabras de febrero eran las siguientes: fuerza, fiador, bisiesto, administración, cuadrado.

¡Espero que os guste!

       El recinto cuadrado donde se reunía el tribunal estaba a reventar de gente. Aunque la administración judicial había intentado que no se llenara (incluso empleando la fuerza pública), toda la ciudad quería ver el juicio. Hablaba el abogado de Caín:

       ―…así pues, queda claro que esta parte fue víctima de una situación antijurídica. Se le aplicó una norma penal, la prohibición de matar, antes de que fuera promulgada mediante su entrega al señor Moisés. Por tanto, pido que se condene al señor Jehová a una pena de prisión de cien años bisiestos.

       ―Muy bien ―dijo el juez―. Oídas las dos partes, en nombre del Estado y el pueblo de Sodoma, se condena al señor Jehová a la pena solicitada por la acusación salvo que presente fiador por valor de diez millones de taleros.

       ―¡Esto es injusto! ―dijo Jehová―. ¡Apelaré!

      Y esa es la historia de por qué fue destruida Sodoma.